“Joyas de familia: ingenio, memoria y segundas oportunidades”
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Hubo un tiempo —concretamente entre guerras, cartillas de racionamiento y miradas desconfiadas— en que las familias desarrollaron una habilidad casi ninja: ocultar cosas de valor. Mi abuela, sin ir más lejos, dominaba el arte del escondite mejor que cualquier ilusionista moderno. Si Houdini la hubiera conocido, habría pedido clases particulares.
La economía doméstica dependía del ingenio, y mi abuela se convirtió en una auténtica estratega del escondite. Las joyas supervivientes de una época turbulenta eran pequeñas cápsulas de historia que dormían en dobles fondos, cajas de lata y, según cuentan las leyendas familiares, en un jarrón que todo el mundo creía horrible… razón perfecta para que nadie lo tocara jamás.
La posguerra y el ingenio doméstico
En aquellos años muchas mujeres guardaban sus piezas más preciadas con una mezcla de creatividad, prudencia y puro amor maternal. No existían alarmas ni cajas fuertes domésticas modernas, así que la seguridad dependía de la imaginación:
- Suelos levantados y vueltos a colocar.
- Dobladillos imposibles en vestidos antiguos.
- Latas de galletas que jamás vieron una galleta.
Mi abuela tenía escondites que ni ella misma recordaba. Una vez encontró una medalla envuelta en papel de plata dentro de un calcetín… que ya no tenía pareja desde 1958.

Las joyas típicas de los años 30-60
Broches
Los broches se convirtieron en un símbolo de distinción femenina. Durante los años 50, inspirados en la estética de Hollywood, las mujeres lucían broches florales, geométricos o religiosos, según acceso económico y gusto personal.
Pulsera ancha
Si no tenías una pulsera ancha de metal u oro, ¿habías vivido realmente los años 60? Estas piezas eran una tendencia arraigada y representaban solidez y buen gusto.
Medallas
Las medallas eran de santos, vírgenes, patronos y figuras protectoras. Tras la Guerra Civil, la religiosidad cotidiana se intensificó, y estas piezas, más allá del valor material, ofrecían consuelo espiritual en tiempos inciertos.
Collares de perlas
Las perlas eran la sofisticación absoluta. Los collares de perlas, símbolo de elegancia clásica, se popularizaron gracias al cine internacional y se asociaban a modernidad, feminidad y buena presencia.
Monedas
Las monedas antiguas eran el tesoro más literal: pequeñas cápsulas de valor que mi abuela escondía mejor que cualquier pirata del Caribe. Su frase favorita: “Las monedas no se gastan: se guardan, por si un día hacen falta… o por si dejan de hacerlas”.
Conclusión
Las joyas de mi abuela no eran solo objetos: eran historias. Habían vivido escondidas, rescatadas, olvidadas y reencontradas. Eran un recordatorio brillante —a veces demasiado brillante— de que incluso en tiempos difíciles, el ingenio y la esperanza encuentran su forma de brillar.
Y aunque algunas piezas tenían un gusto… digamos peculiar, todas llevaban consigo la misma carga: memoria, cariño y mucha, mucha vida.
Hoy en día, si alguna pieza familiar ha sobrevivido, la guardamos o la llevamos al Monte de Piedad. La moda y los gustos han cambiado; las oportunidades de lucir estas joyas son menos frecuentes y, al mismo tiempo, tenerlas guardadas genera cierta preocupación.
Por suerte, el Monte de Piedad ofrece opciones seguras para darles una segunda oportunidad:
- Custodia profesional
- Valoración experta
- Préstamos con garantía joya
- Subasta pública
Siempre con el orgullo del esfuerzo que hicieron nuestras abuelas para conservar estas piezas y que llegaran hasta nuestras manos.
MONTE DE PIEDAD DE CAIXABANK



