HISTORIA

Un tesoro real: descubriendo las joyas de la Corona británica

06 de enero, 2026

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“Joyas reales: poder, arte y ceremonia”

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Desde tiempos antiguos, las joyas han sido mucho más que simples adornos: han representado poder, historia y tradición. En el caso de la monarquía británica, este simbolismo alcanza su máxima expresión en las joyas de la Corona. Esta impresionante colección no solo deslumbra por su belleza, sino que también guarda siglos de legado real, siendo protagonista en los momentos más solemnes de la vida institucional del Reino Unido.

Las joyas de la Corona británica conforman una colección extraordinaria de piezas, insignias y símbolos que pertenecen a la Casa Real del Reino Unido. Entre sus elementos más emblemáticos se encuentran las coronas reales e imperiales de Inglaterra, Escocia e India, además de otros objetos ceremoniales como orbes, espadas y cetros.

Esta colección, considerada la más valiosa del mundo en su categoría, se conserva en la Torre de Londres y desempeña un papel central en la ceremonia de coronación y en diversos actos oficiales. Sus coronas y tiaras, de una belleza y simbolismo excepcionales, son especialmente admiradas.

De entre todas las piezas que componen esta impresionante colección, vamos a profundizar en tres de las más conocidas y destacadas, utilizadas en las ceremonias de coronación de los monarcas del Reino Unido: la corona de San Eduardo, el Cetro de la Cruz y el Orbe del Soberano.

La corona de San Eduardo

La corona de San Eduardo es utilizada para coronar a los monarcas británicos. Esta pieza fue creada en 1661 para la coronación del rey Carlos II, en reemplazo de una corona medieval desaparecida tras la ejecución de Carlos I. Desde entonces, ha sido símbolo de continuidad y tradición en la monarquía británica.

Diseñada por el orfebre Robert Vyner, está adornada con cuatro flores de lis y otras tantas cruces patadas con dos arcos rematados por una vistosa cruz. Su estructura es de oro macizo de 22 quilates engastada con cientos de piedras preciosas y semipreciosas entre las que destacan aguamarinas, turmalinas, topacios, amatistas, zafiros, rubíes, y espinelas. La corona está rematada con un casquillo de terciopelo púrpura decorado en la parte inferior con una banda de armiño.

Es un auténtico símbolo nacional, aunque algo incómoda de llevar por su peso, 2,23 kilos para una estructura de 30 centímetros de altura. Es una de las coronas más pesadas en uso ceremonial. Por este motivo, se realizó una versión más ligera para la coronación de la reina Victoria en 1838, y esa misma fue con la que se coronó Eduardo VII, quien, aunque deseaba llevar la de San Eduardo, optó por otra más liviana debido a que se estaba recuperando de una operación de apendicitis.

La corona fue utilizada para la coronación de la reina Isabel II en 1953 y, más recientemente, el 6 de mayo de 2023, por Carlos III en la Abadía de Westminster.

El Cetro de la Cruz

Fue realizado en 1661, para la coronación de Carlos II, como parte de la restauración de la monarquía tras el periodo republicano. Representa el poder temporal y la buena gobernanza del monarca, mientras que la cruz simboliza el dominio moral de Cristo sobre el mundo y la legitimidad divina del poder real.

En 1910, el cetro original fue modificado para incorporar el diamante Cullinan I, también conocido como la Gran Estrella de África, un diamante que supera los 530 quilates. Es el mayor diamante tallado en una joya real. El joyero de la Corona, Garrard, reforzó la estructura del cetro para soportar el peso del diamante, que puede retirarse gracias a un ingenioso sistema de bisagra.

El cetro mide aproximadamente 92 cm de largo y está elaborado en oro, decorado con esmaltes y piedras preciosas. En su extremo superior se encuentra una cruz de oro, símbolo de la autoridad cristiana del monarca. Junto con el Cetro con la Paloma, el Cetro con la Cruz forma parte esencial del ritual de coronación, siendo entregado al monarca como señal de su soberanía. Durante la ceremonia de la coronación, el monarca del Reino Unido porta el Cetro de la Cruz en su mano derecha.

Más allá de su valor material, esta pieza destaca por su profundo significado histórico y simbólico, siendo uno de los objetos más reconocibles y admirados de las joyas de la Corona británica.

El Orbe del Soberano

Al igual que las dos piezas anteriores fue realizado en 1661. El orbe es una esfera de oro rematada por una cruz, que simboliza el dominio de Cristo sobre el mundo. La esfera está dividida por bandas de joyas en tres secciones, que representan los tres continentes conocidos en la Edad Media: Europa, Asia y África. Está decorado con más de 600 piedras preciosas (esmeraldas, rubíes, zafiros y diamantes talla rosa) y perlas, formando un conjunto de gran riqueza visual y espiritual. La cruz superior, representa el papel del monarca como defensor de la fe.

Durante la ceremonia de coronación, el orbe se coloca en la mano izquierda del monarca como parte del ritual de investidura, y luego se deposita sobre el altar antes del momento de la coronación. Este gesto simboliza que el poder del soberano está bajo la autoridad divina y que su reinado debe estar guiado por principios cristianos.

El orbe no solo es una joya de gran valor material, sino también un símbolo de la responsabilidad espiritual y moral que conlleva el ejercicio del poder real. Su presencia en cada coronación desde el siglo XVII refuerza la continuidad de la tradición monárquica británica.

Las joyas de la Corona británica no son solo tesoros de incalculable valor, sino también testigos silenciosos de siglos de historia, tradición y poder. Cada piedra, cada diseño y cada ceremonia en la que participan nos recuerda que, aunque los tiempos cambien, hay símbolos que siguen brillando con luz propia.

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Bibliografía y enlaces de interés

Royal Collection Trust

The Crown Jewels | The Royal Family

Qué son las regalías y qué significan

Joyas de la Corona británica - Wikipedia, la enciclopedia libre

Las impresionantes joyas de la Corona británica

Cetro con la Cruz

La fascinante historia de la corona de San Eduardo usada por Carlos III para su coronación | Vanity Fair