HISTORIA

El rubí del Príncipe Negro

03 de marzo, 2026

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“La gema que viajó de Granada a la corona británica”

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En 1838, la joven reina Victoria, recién ascendida al trono del Reino Unido con apenas 18 años, consideró que un acontecimiento de tal magnitud merecía una joya a la altura de un acontecimiento histórico. En lugar de utilizar la tradicional corona de San Eduardo —empleada durante siglos en las ceremonias reales británicas— optó por estrenar la nueva y majestuosa Corona Imperial del Estado del Reino Unido, una pieza creada para impresionar tanto al pueblo británico como al resto del mundo.

La corona elegida destacaba por su magnificencia: 2.868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y 5 rubíes componían un conjunto tan deslumbrante como simbólico. En el centro de aquel fastuoso diseño, ocupando la posición más visible y privilegiada, se encontraba el célebre Rubí del Príncipe Negro.

 

Una espinela confundida durante siglos con un rubí

Sin embargo, su nombre puede inducir a error: esta gema de intenso color rojo no es un rubí, sino una espinela, una piedra preciosa más rara de lo que suele creerse y considerada una de las mayores de su tipo en el mundo. Sin tallar —solo ligeramente pulida—, pesa alrededor de 170 quilates y alcanza casi cinco centímetros de longitud, lo que la convierte en un impresionante ejemplar de tono rojo vivo. Presenta un pulido en forma de cabujón irregular que, lejos de restarle elegancia, le confiere un carácter singular.

Su fama no es casual. Además de su larga historia, ocupa un lugar destacado en la Corona Imperial del Estado, situada en la parte frontal, en el centro de una cruz patada. Justo debajo se encuentra el diamante Cullinan II, otra de las joyas más imponentes del tesoro real.

La espinela forma parte del patrimonio de la familia real británica desde 1367, aunque anteriormente perteneció a un monarca español. El recorrido que la llevó desde España hasta los cofres británicos es tan fascinante como la propia gema. 

El recorrido histórico del Rubí del Príncipe Negro

Un viaje extraordinario: De Afganistán a la Alhambra

El Rubí del Príncipe Negro tiene su origen más probable en las históricas minas de Badakhshán, situadas en el noreste de Afganistán, muy próximas a la frontera con Tayikistán. Desde allí, y probablemente a través de la Ruta de la Seda, la piedra llegó a Europa mediante mercaderes genoveses, para terminar finalmente en el Reino Nazarí de Granada.

A mediados del siglo XIV, la espinela estaba en posesión de Muhammed VI, príncipe musulmán del emirato granadino. En aquella época, el gobierno de Castilla se encontraba en Sevilla, y Granada soportaba una presión militar constante por parte de Castilla, que buscaba incorporarla en el marco de la Reconquista de la península ibérica. Muhammed VI hubo de enfrentarse a la creciente hostilidad del monarca castellano Pedro I, conocido históricamente como Don Pedro el Cruel.

Las crónicas indican que Muhammed VI pretendía rendirse ante Pedro I, aunque las condiciones ofrecidas no estaban claramente definidas. Lo que sí parece incuestionable es que el rey castellano recibió al príncipe en Sevilla con notable interés. Según diversos relatos, Pedro I deseaba apropiarse de las riquezas que Muhammed VI llevaba consigo. Durante la reunión, el monarca habría ordenado la ejecución de los sirvientes del príncipe, e incluso se especula con la posibilidad de que él mismo participara personalmente en la muerte de Muhammed VI. Tras registrar su cuerpo, se halló la espinela roja, que pasó a integrarse en las posesiones de Pedro I.

La espinela que cambió de manos en medio de una guerra civil

Años más tarde, en 1366, el propio Pedro I vio amenazado su trono por la rebelión encabezada por su hermanastro, Enrique de Trastámara. Para tratar de sofocar el levantamiento, Pedro I buscó la alianza de Eduardo de Woodstock, príncipe de Gales, conocido como el Príncipe Negro haciendo referencia a la supuesta armadura que portaba, hijo del rey Eduardo III de Inglaterra. El Príncipe Negro participó en la batalla de Nájera y, como compensación por la ayuda militar prestada, exigió la célebre gema.

Eduardo regresó posteriormente a Inglaterra acompañado de las dos hijas de Pedro I, destinadas a contraer matrimonio con miembros de su familia. Según la tradición, también llevó consigo la espinela. Tras ello, la gema desaparece de los registros durante varias décadas y no vuelve a mencionarse hasta 1415, durante el reinado de Enrique V de Inglaterra.

De los campos de batalla a la Corona de los Estuardo

El Rubí del Príncipe Negro fue empleado por varios reyes ingleses engarzado en sus cascos de guerra, siguiendo la costumbre medieval de que los soberanos acudieran al campo de batalla equipados con insignias ostentosas que permitieran su rápida identificación. La joya fue transmitiéndose sucesivamente hasta llegar al reinado de Jacobo I de Escocia, el primer monarca de la dinastía Estuardo, quien decidió incorporarla a la corona oficial del Estado.

Tras la rebelión encabezada por Oliver Cromwell contra el rey Carlos I, que culminó con la ejecución del monarca en 1649 y la abolición temporal de la monarquía, el rubí fue vendido junto con la mayor parte de las joyas de la Corona. Sin embargo, cuando Carlos II, hijo del rey ejecutado, recuperó el trono en 1660 y la monarquía fue restaurada, la espinela reapareció ofrecida por un vendedor anónimo. Carlos II decidió recomprarla y ordenó su montaje en la corona de Estado.

El protagonismo definitivo: la coronación de la reina Victoria

Muchos años después, como se ha mencionado al inicio, la reina Victoria la convertiría en la piedra principal de la nueva corona encargada para su ceremonia de entronización, pieza que desde entonces ha sido utilizada por todos los soberanos británicos en las ocasiones más solemnes.

Una joya que conserva el eco de un pasado español

Hoy, tras siglos de viajes, batallas, intrigas y coronaciones, la espinela roja sigue ocupando un lugar de honor en la joyería real británica. Pero hubo un tiempo, hace más de seis siglos, en que aquella piedra de intenso color rojo sangre perteneció a un rey castellano.

 

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