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Mercedes Gleitze, una historia clave en la evolución del reloj hermético

30 de junio, 2026

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“Cuando una hazaña cambió la historia de la relojería”

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En ocasiones, los grandes avances nacen fuera de los laboratorios. Surgen en contextos reales, sometidos a condiciones extremas y protagonizados por personas que, sin pretenderlo, acaban formando parte de la historia.

Es el caso de Mercedes Gleitze, una nadadora británica que, en 1927, contribuyó a demostrar la fiabilidad de uno de los hitos más relevantes de la relojería moderna: el reloj hermético de pulsera.

Una pionera en un contexto de superación

En la década de 1920, cruzar el Canal de la Mancha a nado se consideraba uno de los mayores desafíos físicos del momento. Las bajas temperaturas, las corrientes y la distancia convertían esta travesía en una prueba reservada a perfiles altamente preparados.

Mercedes Gleitze, nacida en Brighton en 1900, compaginaba su trabajo como mecanógrafa con el entrenamiento en natación de resistencia. Tras varios intentos, el 7 de octubre de 1927 logró completar el cruce del canal en aproximadamente 14 horas y 15 minutos, convirtiéndose en la primera mujer británica en lograrlo.

Este tipo de hazañas eran ampliamente seguidas por la sociedad de la época y contaban con cobertura mediática relevante.

La polémica y una segunda travesía decisiva

Días después de su logro, surgieron dudas públicas debido a la supuesta marca de otra nadadora, que posteriormente se demostró que no había realizado la travesía.

En este contexto, Mercedes Gleitze decidió organizar un segundo intento, el 21 de octubre de 1927, con el objetivo de confirmar su capacidad en condiciones verificadas por observadores y medios.

Esta decisión refleja un elemento clave en la historia: la importancia de la verificación, la transparencia y la confianza en los logros personales, valores que también son fundamentales en el ámbito financiero e institucional.

El papel del Rolex Oyster

En paralelo, la empresa Rolex, fundada por Hans Wilsdorf, había desarrollado recientemente un modelo innovador: el Rolex Oyster, presentado en 1926 como el primer reloj de pulsera hermético.

En aquella época, existía cierto escepticismo sobre la resistencia real de los relojes frente al agua y al polvo. La compañía identificó en la travesía de Gleitze una oportunidad para demostrar su fiabilidad en condiciones reales.

Mercedes aceptó llevar el reloj durante su segundo intento. Debido a las normas de la natación, el dispositivo fue sujeto al cuello mediante una cinta, evitando interferencias en el movimiento.

Una prueba en condiciones reales

Durante más de diez horas, la nadadora permaneció en el agua, expuesta a bajas temperaturas y condiciones exigentes. Finalmente, el intento tuvo que ser interrumpido antes de completarse por razones físicas.

Sin embargo, el elemento clave de la experiencia fue el comportamiento del reloj. Según la documentación histórica de la propia marca, el Rolex Oyster mantuvo su funcionamiento y estanqueidad tras la exposición prolongada al agua.

Este tipo de validaciones en entornos reales resultó determinante en la evolución de la percepción del reloj de pulsera como instrumento fiable, más allá de su valor estético.

Un punto de inflexión en comunicación

Tras el evento, Rolex desarrolló una campaña de comunicación en prensa que destacaba la resistencia del modelo Oyster, utilizando el caso de Mercedes Gleitze como ejemplo documentado.

Este episodio es considerado uno de los primeros antecedentes de la asociación entre producto y experiencia real, una práctica habitual hoy en sectores como el lujo, el deporte o la innovación tecnológica.

Patrimonio, innovación y confianza

Más allá de su dimensión deportiva o comercial, esta historia ilustra cómo la innovación tecnológica necesita pruebas verificables y confianza social para consolidarse.

El vínculo entre objetos de valor —como los relojes— y su durabilidad, fiabilidad y transmisión en el tiempo conecta directamente con el concepto de patrimonio, entendido como aquello que se conserva, protege y mantiene su valor.

En este sentido, el relato de Mercedes Gleitze aporta una mirada histórica sobre cómo determinados bienes adquieren relevancia no solo por su diseño, sino por su capacidad de resistir el paso del tiempo y las condiciones más exigentes.

El interés por piezas históricas vinculadas a grandes hitos de la relojería continúa vigente en la actualidad, especialmente en ámbitos como la conservación patrimonial, los archivos de marca y el coleccionismo especializado.

 

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