“La Joyería olvidada de la Bauhaus: funcionalidad, forma y legado de Naum Slutzky”
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¿Qué tienen en común la famosa silla Wassily de Marcel Breuer, la lámpara Wagenfeld de Wilhelm Wagenfeld y la silla cantilever S 32/S 64, también de Marcel Breuer? ¿y la alfombra de Gertrud Arndt, el "Barco para Construir" de Alma Siedhoff-Buscher y el colgante de Naum Slutzky?
Queridos lectores, ninguno de esos elementos quizás esté en nuestro salón, pero todos ellos comparten los principios fundamentales que definieron el diseño moderno del siglo XX, surgidos de la revolucionaria escuela de la Bauhaus, y su legado sigue influyendo en los objetos que nos rodean hoy en día.
Nacimiento de una institución pionera
La Staatliches Bauhaus, fue fundada en 1919 en Weimar por el arquitecto Walter Gropius, desde sus inicios se convirtió en una institución pionera que trascendió lo académico para replantear la relación entre arte, artesanía e industria. El objetivo principal era difuminar las divisiones jerárquicas entre el artista y el artesano, creando una nueva generación de diseñadores capaces de concebir objetos funcionales y estéticamente valiosos que mejoraran la vida cotidiana. Su influencia continúa vigente en la arquitectura, el diseño industrial, el diseño gráfico y, aunque menos conocida, también en la orfebrería y la joyería.
Un contexto histórico decisivo
La trayectoria de la Bauhaus estuvo intrínsecamente ligada a la inestable República de Weimar. Las presiones políticas locales obligaron a la escuela a reubicarse. En 1925, se trasladó a Dessau, marcando una segunda fase en la que la filosofía se orientó más decididamente hacia la síntesis de "arte y tecnología". En esta etapa, bajo la dirección de Gropius y más tarde de Hannes Meyer y Ludwig Mies van der Rohe, la producción en masa y la estandarización industrial se convirtieron en objetivos primordiales. Finalmente, la creciente hostilidad del régimen nazi forzó un último traslado a Berlín en 1932, donde funcionó brevemente en un edificio abandonado antes de ser clausurada definitivamente por las autoridades nazis en 1933.
Más que una simple escuela, la Bauhaus fue un laboratorio social y estético que buscaba reimaginar el mundo material para reflejar una nueva unidad social y un propósito colectivo. Su contexto histórico, marcado por la búsqueda de la modernidad y la funcionalidad, sentó las bases para el Movimiento Moderno y dejó un legado cuya influencia perdura hasta nuestros días.
La pedagogía Bauhaus: experimentación, materiales y función
La filosofía de la Bauhaus cobró vida a través de un currículo pedagógico revolucionario que rompía con los métodos académicos tradicionales de las bellas artes. Su objetivo era desmantelar la rígida jerarquía entre artistas y artesanos mediante un enfoque holístico del diseño. El innovador Curso Preliminar (Vorkurs), impartido por maestros como Johannes Itten, Paul Klee y Josef Albers, enseñaba a los estudiantes a explorar materiales y formas con libertad absoluta. Tras esta fase, los alumnos se incorporaban a talleres especializados: metal, carpintería, textil o cerámica.
De esta metodología surgieron los principios estéticos del Movimiento Moderno, marcados por ideas que siguen vigentes en el diseño contemporáneo:
- La forma sigue a la función: prioridad absoluta de la utilidad. La ornamentación superflua fue proscrita; cada objeto debía ser diseñado para su propósito utilitario, priorizando la usabilidad y la eficiencia.
- Honestidad material: mostrar la belleza inherente del metal, vidrio o madera, sin ornamentos superfluos.
- Geometría esencial: líneas limpias, puras y figuras básicas (círculos, cuadrados, triángulos) que facilitaban la transición hacia la producción industrial.
Estas normas no solo eran estéticas, sino pragmáticas. Permitían que un buen diseño pudiera reproducirse a escala, haciendo los objetos accesibles y prácticos, haciendo el Buen Diseño accesible para un público más amplio.
El Taller de Metal: las joyas olvidadas
Dentro del ecosistema de talleres de la Bauhaus, el Taller de Metal (Metallwerkstatt) emergió como uno de los centros de producción más vibrantes y exitosos, especialmente durante la etapa de Dessau. Allí nacieron piezas icónicas como las lámparas de Marianne Brandt o los juegos de té metálicos que anticiparon el diseño industrial moderno.
La joyería de la Bauhaus, sin embargo, fue una producción menor, escasa y hoy extremadamente valiosa. Las razones son varias:
- No era un objetivo prioritario del taller, que se centraba en piezas industrializables.
- Los materiales preciosos eran limitados debido al contexto económico de la posguerra.
- Muchas joyas eran prototipos o piezas únicas creadas para uso personal.
Por este motivo, las obras de joyería de la Bauhaus que se conservan son hoy objetos rarísimos y altamente apreciados por coleccionistas y museos.
Naum Slutzky: un orfebre que dio forma al espíritu Bauhaus
En un rechazo consciente de la opulencia del período guillermino y de la crisis económica, los diseñadores se inclinaron por la honestidad de los materiales, utilizando metales básicos como plata, latón, cobre y, más tarde, cromo, en lugar de oro y gemas preciosas. El valor de la pieza residía en su diseño innovador y su composición geométrica, no en el coste material.
Entre todos los creadores del Taller de Metal, destaca Naum Slutzky (1894 – 1965), uno de los orfebres más influyentes de la institución. Nacido en Kiev y formado como orfebre en Viena, trabajó brevemente con los Wiener Werkstätte antes de incorporarse a la Bauhaus en 1919 por invitación de Walter Gropius.
Ascendió rápidamente hasta convertirse en Jungmeister (joven maestro) en 1921, y obtuvo su certificado oficial de maestro orfebre en 1922. Su producción sintetiza a la perfección los principios Bauhaus aplicados a la joyería.
Su estilo encarna la esencia y los principios de la Bauhaus aplicada a la joyería:
- Geometría rigurosa basada en formas geométricas puras: círculos, tubos y esferas.
- Honestidad de materiales.
- Combinación de materiales no preciosos (cromo, esmalte, baquelita, vidrio) con plata u oro.
- Prioridad de la composición, estructura y la funcionalidad sobre el valor material.
Su legado perdura a través de piezas icónicas como las conservadas en el Museo Victoria and Albert de Londres: Broche: 1928, Brazalete: 1929, Collar: 1930, Brazalete: 1930.
Otra de sus piezas más famosas es el "Colgante Bauhaus" (1920 – 1922), que se creyó perdido durante décadas hasta su redescubrimiento en 2015 y su posterior adquisición por el museo alemán Die Neue Sammlung – The Design Museum en Múnich. Para los amantes de las tasaciones, el precio de martillo fue de 35.000 €; una cifra que refleja su incalculable valor histórico, ya que se trata de un icono perdido del diseño de la Bauhaus, y por fin se asegura su lugar permanente como un tesoro del modernismo.
Un legado que sigue inspirando
La joyería de la Bauhaus, aunque menos conocida que su mobiliario o su arquitectura, representa una de las aportaciones más audaces de la escuela. Su enfoque en la funcionalidad, los materiales y las formas esenciales sigue influyendo en la joyería contemporánea y en la valoración de piezas históricas.
Para instituciones como el Monte de Piedad, con más de dos siglos dedicados al análisis, tasación y conservación del patrimonio material, la historia del diseño nos ayuda a comprender estos movimientos, contextualizar la evolución del diseño e interpretar mejor las piezas que llegan diariamente para su tasación, como explicamos en artículos anteriores.
MONTE DE PIEDAD DE CAIXABANK



