“Estabilidad y servicio en un país dividido”
POST DESTACADOS
-
Cómo saber si el oro es oro
ORO
26 de mayo, 2026
-
Aplicación de la arqueometría a la joyería: cuando la ciencia revela el alma del oro
HISTORIA
19 de mayo, 2026
-
Serie histórica del oro como patrón de referencia. Capítulo 1
HISTORIA
12 de mayo, 2026
-
Precisión, velocidad y estilo: el universo relojero de Paul Newman
HISTORIA
05 de mayo, 2026
La Guerra Civil española (1936–1939) supuso un periodo de extraordinaria tensión económica y social. Con un país fracturado, dos sistemas monetarios coexistiendo y una población sometida a un clima de incertidumbre constante, mantener servicios esenciales se convirtió en un desafío mayúsculo. En este contexto, el Monte de Piedad y la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares —antecedente de CaixaBank— destacaron por su continuidad, profesionalidad y compromiso social.
Un país con dos monedas: un entorno de incertidumbre económica
Durante la guerra, España vivió un fenómeno excepcional: la coexistencia de dos sistemas monetarios. En las zonas bajo control republicano circulaba la peseta emitida por la República, mientras que en los territorios del bando sublevado se instauraba un sistema propio. Esta dualidad generó:
- Desconfianza generalizada en el dinero en efectivo
- Miedo a que la moneda asociada al “bando perdedor” perdiera su valor
- Dificultad para prever el futuro de los depósitos bancarios
- Riesgo de depreciación acelerada de los billetes en circulación
Para muchas familias, la respuesta fue proteger su economía recurriendo a bienes reales: joyas, piezas de oro o pequeños objetos de valor que ofrecían una estabilidad que la moneda ya no garantizaba.
Es en este punto donde el Monte de Piedad asumió un papel decisivo.
El Monte de Piedad como refugio frente a la inestabilidad
Los préstamos de empeño se basaban en bienes tangibles, cuyo valor no dependía de las variaciones monetarias ni de los acontecimientos políticos. Este modelo resultó especialmente útil durante el conflicto, cuando:
- El crédito convencional se volvió más difícil de obtener
- Los ingresos familiares se reducían o desaparecían
- La confianza en la moneda fluctuaba de forma extrema
El Monte permitió obtener liquidez inmediata sin perder la propiedad del bien, en un proceso regulado, transparente y accesible para todos. Esta función mitigó el impacto económico en miles de hogares.
Continuidad del servicio gracias al compromiso de los empleados
La investigación del economista Joan Maria Solà, basada en documentación interna y archivos públicos, confirma que la Caja de Pensiones y el Monte mantuvieron su actividad sin interrupciones durante toda la guerra.
Al estallar el conflicto, un comité de control afiliado a la UGT asumió la supervisión de la entidad. Su primera constatación fue clara: la institución ya actuaba con una sólida vocación social y no requería transformaciones profundas. Por ello:
- Se respetó la estructura de gestión existente
- Se mantuvo al director Josep M. Boix i Raspall
- Se garantizó el funcionamiento continuo de los servicios esenciales
Este alineamiento entre empleados y proyecto institucional permitió que el Monte siguiera abriendo sus puertas cada día.
Un punto de estabilidad en una ciudad sacudida por el conflicto
Barcelona sufrió intensamente los efectos de la guerra: barricadas, bombardeos, colas de racionamiento y desplazamientos masivos.
En este escenario, mantener la actividad del Monte tuvo un valor que trascendía lo económico: proporcionó un espacio de seguridad y continuidad en medio del caos.
Muchas familias acudieron al Monte para obtener pequeñas cantidades de dinero que les permitieran cubrir necesidades básicas. La rapidez del servicio, la claridad de las condiciones y la profesionalidad del personal reforzaron la confianza en un momento en que casi todas las referencias se tambaleaban.
Compromiso social: donativos y apoyo a la población
A pesar de la dificultad del contexto, la institución mantuvo su espíritu solidario. Entre los gestos documentados figuran:
- Un donativo de 50.000 pesetas en 1937 destinado a los defensores de Madrid
- Ayudas dirigidas a refugiados y desplazados
- Colaboración con iniciativas sociales de emergencia
Estos actos reflejan que la entidad siguió cumpliendo su misión fundacional de apoyo a las personas más vulnerables.
La figura de Boix i Raspall: continuidad ética en tiempos difíciles
El director Josep M. Boix i Raspall fue clave para garantizar coherencia, prudencia y continuidad en la gestión. Heredero directo del ideario de Francesc Moragas, representaba los valores de austeridad, servicio público y protección del ahorro popular.
Aunque tras la guerra sufrió represalias —como otros empleados del sector— su papel durante el conflicto refleja un liderazgo centrado en la misión social de la entidad.
Conclusión: un servicio que se mantuvo firme incluso en los momentos más oscuros
La continuidad del Monte de Piedad durante la Guerra Civil no fue solo un hecho operativo: fue una decisión social y humana. En un país con dos monedas, inestabilidad económica y enormes dificultades cotidianas, la institución siguió ofreciendo liquidez, confianza y apoyo a las familias.
Su actuación demuestra que, incluso en circunstancias extremas, la misión del Monte de Piedad —proteger a las personas mediante un modelo basado en bienes reales, profesionalidad y servicio— se mantiene intacta desde hace más de dos siglos y medio.
MONTE DE PIEDAD DE CAIXABANK
Bibliografía y enlaces de interés
La Caixa de Pensions (1936-1945) // La Caixa que no pudo ser | Alternativas económicas
Posts recomendados de Historia
-

Historia
Aplicación de la arqueometría a la joyería: cuando la ciencia revela el alma del oro
-

Historia
Serie histórica del oro como patrón de referencia. Capítulo 1
-

Historia
Diamantes en la oscuridad: la trágica historia de las joyas de los Romanov
-

Historia
Precisión, velocidad y estilo: el universo relojero de Paul Newman