Cómo se fabrica un anillo desde cero: proceso, materiales y valor artesanal
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“Del metal en bruto a una pieza con historia”
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La fabricación de un anillo es un proceso artesanal que combina conocimiento técnico, tradición y precisión. Cada pieza pasa por diversas etapas que transforman un metal en un objeto con valor simbólico, patrimonial y, en muchos casos, sentimental.
En el entorno del Monte de Piedad de CaixaBank, donde se analizan y valoran joyas con frecuencia, conocer este proceso permite comprender mejor el valor real de cada pieza.
El metal: el punto de partida
Todo comienza con una elección esencial: el metal. Oro, plata o platino son los protagonistas habituales, cada uno con su personalidad.
- El oro de 18 quilates —el oro de ley en España— ofrece la combinación ideal entre pureza y resistencia.
- La plata de ley posee un brillo elegante y atemporal.
- El platino, reservado tradicionalmente para piezas excepcionales, aporta durabilidad y un color natural inconfundible.
Los diferentes tipos de oro: matices de un mismo metal
Dentro del propio oro, existe una riqueza de variantes que añaden carácter a cada anillo:
Según su pureza (quilataje):
- 24 quilates (999 milésimas): oro casi puro, de intenso color amarillo, pero demasiado blando para uso habitual en joyería.
- 18 quilates (750 milésimas): equilibrio entre pureza y resistencia, el más utilizado en España.
- 14 quilates (585 milésimas): más duro, con mayor presencia de otros metales, habitual en joyería internacional.
Según su color (aleaciones): El oro puro siempre es amarillo. Los distintos tonos se consiguen mediante la mezcla con otros metales:
- Oro amarillo: combinación tradicional con plata y cobre; es el más clásico.
- Oro blanco: aleado con paladio o níquel (y normalmente recubierto con rodio), de aspecto moderno y luminoso.
- Oro rosa: con mayor proporción de cobre, aporta un tono cálido y contemporáneo.
- Oro rojo: más intenso que el rosa, con alta presencia de cobre.
- Oro verde: menos común, con mayor proporción de plata, de matiz sutil y singular.
Esta diversidad no solo responde a criterios estéticos: también influye en la durabilidad, el mantenimiento y el valor de la pieza, aspectos que se tienen en cuenta en cualquier proceso de tasación.
Fundición: de sólido a líquido, y vuelta a empezar
El metal se funde a temperaturas muy elevadas (más de 1.000 °C en el caso del oro).

Una vez líquido, se vierte en moldes para formar lingotes sólidos. Esta fase es esencial para preparar el material para su manipulación posterior.
Es un momento casi ritual, heredado de oficios ancestrales.
Laminado y formación de la banda: nace la silueta del anillo
Ese lingote se estira y se aplana mediante un laminador hasta convertirse en una tira fina y homogénea.
Después, el joyero:
Corta la medida necesaria.
La curva con precisión.
Y une los extremos mediante una soldadura prácticamente imperceptible.
El círculo comienza a tomar forma, aunque todavía falta mucho trabajo hasta revelar su personalidad final.
Ajuste y pulido inicial: buscando la perfección
En un tribulete —esa barra cónica tan característica de los talleres— el artesano ajusta la talla exacta.
A continuación, un pulido preliminar suaviza aristas y permite observar la simetría general, una característica esencial en cualquier anillo bien elaborado.
Engaste: el arte de colocar la luz en su sitio
Si el anillo incorpora piedras preciosas, entra en escena uno de los oficios más delicados: el engaste.
Los engastes más comunes incluyen:
- Garra: maximiza la entrada de luz
- Chatón: protección y diseño clásico
- Pavé: múltiples pequeñas piedras
- Carril: líneas limpias y contemporáneas
La calidad del engaste influye directamente en la valoración de la pieza.
Acabados: la firma estética del artesano
Es aquí donde la pieza adquiere carácter.
El metal se pule hasta lograr un acabado espejo o se satina para un estilo más contemporáneo. También puede texturizarse mediante técnicas tradicionales o láser de última generación.
Cada acabado es una decisión creativa.
Control de calidad y sellos oficiales
Antes de considerarse terminada, la pieza debe superar un riguroso examen:
- Simetría
- Estabilidad del engaste
- Resistencia estructural
- Calidad del pulido
En España, además, el oro y la plata deben llevar:
- Marca del fabricante
- Contraste oficial que certifica la ley del metal
Mucho más que una joya
Detrás de cada anillo existe un trabajo minucioso que combina técnica, conocimiento y experiencia.
Comprender cómo se fabrica permite apreciar mejor su valor, especialmente en contextos como el Monte de Piedad, donde cada pieza se analiza no solo por su material, sino también por su historia y calidad de ejecución.
MONTE DE PIEDAD DE CAIXABANK



