“Una joya real que atravesó generaciones y brilló en subasta”
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HISTORIA
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Hay joyas que no solo adornan, sino que cuentan historias. La tiara Poltimore es una de ellas. Fabricada en 1870 por la histórica casa Garrard, esta pieza se convirtió en un emblema de la princesa Margarita de Inglaterra y en uno de los ejemplos más citados de cómo una joya puede acompañar toda una vida, trascender una familia y, décadas después, reaparecer en una subasta como testigo de un legado.
Inauguramos con ella la serie “Joyas famosas que hicieron historia”, en la que exploramos piezas icónicas que unen pasado, presente y valor patrimonial.
La historia de la tiara Poltimore: del siglo XIX a la corte británica
La tiara Poltimore fue creada como un encargo privado en 1870 para Florence Bampfylde, esposa del segundo barón Poltimore y tesorera de la Casa de la Reina Victoria. Más tarde, la joya volvió a aparecer en escena cuando la tercera baronesa Poltimore la lució durante la coronación del rey Jorge V en 1911.
De estilo neoclásico y elaborada con diamantes montados en plata y oro, su estructura presenta una sucesión de motivos florales y elementos simétricos característicos del periodo victoriano tardío.
Décadas más tarde, la princesa Margarita, hermana menor de la reina Isabel II, la adquirió en 1959 en una subasta por 5.500 libras. Antes de llevarla el día de su boda con Antony Armstrong-Jones, ya había utilizado la pieza como collar en dos ocasiones formales. Su imagen con la tiara, especialmente la célebre fotografía de 1960 tomada por su esposo en la bañera, forma parte del imaginario visual más reconocible de la casa Windsor.
A diferencia de muchas joyas de la colección real, heredadas o cedidas por la Corona, la tiara Poltimore fue una adquisición personal de la princesa Margarita, circunstancia que contribuyó a reforzar el vínculo entre la joya y su imagen pública.
Una obra maestra desmontable: diseño y técnica
Una de las particularidades más llamativas de la tiara Poltimore es su versatilidad. Con un diseño floral propio de las piezas victorianas, forma ligeramente abombada y diamantes talla antigua en racimos, la tiara puede transformarse en un collar de flecos y en nada menos que once broches individuales.
Con una silueta elevada y ligeramente curvada, la tiara presenta una sucesión de flores de diamantes coronadas por racimos centelleantes que crean un efecto de encaje luminoso. Su diseño elegante y equilibrado la convierte en una de las grandes obras maestras de la joyería británica del siglo XIX.
Resulta especialmente llamativa su ligereza, pese a las dimensiones y complejidad de la pieza, un logro técnico notable para la época.
Este diseño modular, habitual en piezas aristocráticas de finales del siglo XIX, respondía a una visión práctica del lujo: joyas concebidas para ofrecer varias posibilidades de uso a lo largo de la vida.

La subasta de 2006: un nuevo capítulo para la Poltimore
Tras el fallecimiento de la princesa Margarita en 2002, parte de su colección se destinó a subasta. La tiara Poltimore fue una de las piezas más destacadas en la venta organizada por Christie’s en junio de 2006, donde alcanzó un precio final de 926.400 libras, adquirido por un comprador anónimo, según el catálogo oficial de la casa. El precio alcanzado multiplicó ampliamente la estimación inicial, reflejando no solo la calidad excepcional de la pieza sino también el atractivo añadido de su procedencia real, uno de los factores más valorados en el mercado internacional de joyas históricas.
Este momento marcó una nueva etapa para la joya: de símbolo personal de una princesa contemporánea pasó a convertirse en patrimonio histórico circulante, un ejemplo perfecto de cómo una pieza puede cambiar de manos manteniendo intacto su valor cultural.
El valor patrimonial de las joyas: una mirada desde el Monte de Piedad
La trayectoria de la tiara Poltimore ilustra cómo las joyas trascienden su función ornamental. A lo largo de la historia, han sido bienes que acompañan momentos familiares, se transfieren entre generaciones y, en determinados momentos, pueden convertirse en un recurso valioso.
El Monte de Piedad ha desempeñado un papel esencial en la conservación del patrimonio personal. Muchas piezas, lejos de ser simples objetos materiales, representan historias, vínculos afectivos y memoria familiar.
La Poltimore nos recuerda que las joyas no solo tienen un valor económico: poseen un valor cultural y emocional que perdura en el tiempo.
Conclusión
La tiara Poltimore —cuyo paradero actual no se ha hecho público— es más que un símbolo del glamour de la princesa Margarita. Es un ejemplo de cómo una joya puede recorrer siglos, adaptarse a distintos usos, reinterpretarse a través de las épocas y resurgir en el mercado como testimonio de un legado.
Quizá esa sea la verdadera grandeza de la tiara Poltimore: haber pasado de ser una creación de la época victoriana a convertirse en un símbolo de elegancia atemporal cuya historia sigue fascinando décadas después de su última aparición pública.
Con ella, iniciamos una serie dedicada a joyas que han marcado épocas y que hoy siguen conservando su capacidad de inspirar.
MONTE DE PIEDAD DE CAIXABANK



